No lo aceptamos, por la condición idealista del ser humano, de siempre creer que el cambio es la opción a todo lo que nos rodea para simplemente adaptarse a la imagen que tenemos de lo que debe resultar ó funcionar y sentirnos satisfechos; aunque la satisfacción en este caso sea el hueso de un perro. Pero no; al contrario de lo que nos quieran poner de supositorio a conveniencia, la primera impresión es la que (siempre) cuenta. Nadie cambia. Las cosas no cambian. Todo se adapta al entorno que queremos hacer “funcionar” para pertenecer a la línea del otro supositorio sobre la evolución y el Mono Mario. (Y) De ahí resultan las decepciones, la contradicción de creer más en otros, que en nosotros mismos; peor aún, sin ningún tipo de resultado positivo. (Por eso) Sigue tú instinto. Desde el principio, quien/lo que no te convence, nunca lo hará. Quien te decepciona simplemente te ahorra un problema más. Porque definitivamente, el que quiere ó no quiere estar, te convence con su proceder, día a día. Nunca es más el que te acepta, sinó el que aunque no te suma, tampoco te quita. Aprendamos la diferencia entre compartir y con partir. A veces (con) partiendo ganamos respeto (más por y para nosotros mismos) y no desperdiciamos (el) tiempo.
:)